Naturalezas VII: Animando el Medio Ambiente

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Naturalezas VII: Animando el Medio Ambiente

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“Decidió el chiquillo tirar cuesta arriba, y cuando llegó a lo alto, ¿qué vio? Nada especial, ni palacios encantados, ni las tablas del destino, sólo una flor. Pero tan caída, tan marchita, que el niño se acercó, muy cansado. Y como era un niño de cuento, decidió que tenía que salvar la flor.” José Saramago, Historia para niños, en “Las maletas del viajero” (1986).

Estamos ante la VII edición del ciclo Naturalezas, tratando de dar continuidad a la estupenda idea de unir cine y debate ambiental, que tuvieron hace más de diez años Rafael Hernández del Águila (Fundador y Director del Seminario de Medio Ambiente y Calidad de Vida durante casi dos decenios) y Juan de Dios Salas Chamorro (Director del Cine Club desde hace 13 años). En esta ocasión, para la colaboración entre el Cine Club Universitario / Aula de Cine y el Seminario de Medio Ambiente y Calidad de Vida-Cátedra José Saramago, hemos elegido el cine de animación, demostrando al mismo tiempo que casi todos los géneros cinematográficos han tratado las cuestiones ambientales y la sostenibilidad.

Aunque la selección cinematográfica abarca un amplio espectro temporal, es evidente que las temáticas a las que se refieren las sesiones que hemos preparado, son de gran actualidad. De hecho, a través del largometraje de 1986, CUANDO EL VIENTO SOPLA y de la entrañable pareja protagonista, hemos querido llamar la atención sobre la guerra como principal catástrofe ambiental y sobre la reapertura del debate nuclear al “calor” del cambio climático y de la crisis de la sociedad del petróleo. No se debe olvidar que la mayor efervescencia de la discusión sobre el tema nuclear se produjo a mediados de los años 80, donde se sitúan tanto el caso imaginario de la película como el caso real del accidente de Chernobil, que, paradójicamente, ocurrió pocos meses después del estreno de CUANDO EL VIENTO SOPLA . Esta catástrofe junto con la labor de miles de personas del movimiento antinuclear, supusieron el principio del fin de las fuentes nucleares como alternativa energética, aunque siempre que aparece la ocasión los grupos de presión nucleares vuelven a utilizar su poder para reabrir el debate, tal y como está ocurriendo actualmente. De energía también trata otro de los largometrajes que se proyectan en este ciclo, ANJÉ, LA LEYENDA DEL PIRINEO . La disyuntiva radica de nuevo entre el uso de las fuentes energéticas tradicionales y las contemporáneas, utilizando como escenario la transición hacia la sociedad de la electricidad en un pueblo del Pirineo. Este tipo de revoluciones energéticas siempre incluyen un intento de superar los límites ambientales, lo cual choca tanto con la configuración de los sistemas naturales y culturales, representados de forma excelente por el carbonero, como con la realidad científicamente constatable de que habitamos una biosfera limitada, es decir, que el espacio y muchos de los recursos que utilizamos son finitos. Por último, no puedo dejar de hacer referencia a la aparición del Olentzero, que es el personaje que trae los regalos en Navidad a las niñas y niños que viven en el País Vasco (durante mi infancia yo mismo pensaba que era el Olentzero el que me traía los regalos, y no mis padres). La divinización de los carboneros a través de este personaje, representa de la mejor manera posible la dependencia energética de nuestras sociedades, y, la moraleja final del largometraje nos hace reflexionar sobre el reparto desigual de los recursos energéticos sobre el que se sustenta actualmente la sociedad del petróleo. De los bosques del Pirineo saltamos a los bosques japoneses con el largometraje de anime LA PRINCESA MONONOKE . No sólo la mitología vasca se nutre de personajes de la foresta, también la abundante mitología japonesa incluye numerosas referencias ambientadas en el bosque. A través del poder mágico que se desprende de las respuestas de la naturaleza volvemos a descubrir en este ciclo las consecuencias devastadoras de las guerras sobre el medio ambiente. Además, el surtido de personajes que desfilan por la película, y, sobre todo, la propia Princesa Mononoke, nos ayudan a entender con gran claridad que las personas humanas formamos parte de los ecosistemas y que nuestra supervivencia depende de que se mantengan en buen estado y de que seamos capaces de convivir sin destruir todo lo que nos rodea. Por último, en la sesión de cortos, vuelven a aparecer los árboles y el bosque como representantes de una naturaleza amenazada por la acción humana; la expansión urbana es considerada como una de las principales fuerzas motrices de la degradación ambiental en el cortometraje URBANISSIMO , que, siendo elaborado en 1966, es de una actualidad extraordinaria, incluyendo de una forma muy inteligente numerosas referencias al carácter depredador de los sistemas urbanos y a los excesos de las sociedades industriales que acaban finalmente por destruirse a sí mismas. Sin embargo esta reflexión animada no significa que la pareja de autores tenga una nostalgia por la vida en la cavernas, de hecho, en el siguiente corto, denominado DE HOMBRES Y DEMONIOS se describe la lucha constante del género humano por controlar a las fuerzas de la naturaleza a través de la tecno-ciencia. Este cortometraje incluye una sencilla descripción de la evolución de nuestras sociedades, destacando la felicidad y el confort que aportan determinados avances, y sembrando al mismo tiempo la duda de cómo será en el futuro nuestra relación con la naturaleza. El siguiente cortometraje, EL HOMBRE QUE PLANTABA ÁRBOLES , atiende de forma magistral a una forma diferente de vinculación entre las personas y la naturaleza, donde el papel del género humano es esencial para la mejora ambiental. El personaje del pastor representa las alternativas existentes frente a los procesos de sobreexplotación de los recursos, mientras que el joven relator de la historia contrapone de una forma casi poética el desastre de la guerra (cuestión recurrente en este ciclo) con el milagro de la resurrección del bosque, semilla a semilla. El ciclo termina con el cortometraje LA FLOR MÁS GRANDE DEL MUNDO , una fábula basada en un cuento de José Saramago donde se describen en un primer momento los procesos de degradación derivados de los nuevos modelos urbanos (el coche 4×4, el árbol cortado, el insecto cazado, las urbanizaciones de adosados…). Mientras que, a lo largo de la historia, todo cambia cuando aparece de nuevo la fuerza que pueden tener las personas, sobre todo las más pequeñas, para conseguir mejorar la situación ambiental. Como se puede ver, oír, y hasta sentir en este excelente trabajo de animación, todo está en nuestras manos como individuos, y sobre todo, como colectivo humano.

Alberto Matarán Ruiz
Director de la Cátedra José Saramago-Seminario de Medio Ambiente y Calidad de Vida.