Antes que el diablo sepa que has muerto

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Antes que el diablo sepa que has muerto

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Lugar y fecha de proyección

  • Fecha: viernes 20 de febrero de 2009
  • Hora: 21.30 h.
  • Lugar: Aula Magna de la Facultad de Ciencias
  • Día del Cine Club

Música de sala

  • Brother (Brother, 2000) de Takeshi Kitano
  • Banda sonora original de Joe Hisaishi

Antes que el diablo sepa que has muerto

  • Año: 2007
  • País: EE.UU
  • Duración: 123 min.
  • Título Original: Before the devil knows you’re dead.
  • Director: Sidney Lumet.
  • Guión: Kelly Masterson (& Sidney Lumet).
  • Fotografía: Ron Fortunato (Technicolor).
  • Montaje: Tom Swartout.
  • Música: Carter Burwell.
  • Productor: Michael Cerenzie, William S. Gilmore, Brian Linse y Paul Parmar.
  • Producción: Linsefilm – Michael Cerenzie Prod.- Unity Prod.
  • Intérpretes: Philip Seymour Hoffman (Andy), Ethan Hawke (Hank/), Albert Finney (Charles), Marisa Tomei (Gina), Rosemary Harris (Nanette), Michael Shannon (Dex), Amy Ryan (Martha) * v.o.s.e. No cuesta demasiado ver en ANTES QUE EL DIABLO SEPA QUE HAS MUERTO una especie de antítesis de la ligera Negocios de familia (Family business, 1989, Sidney Lumet), donde tam­bién se mezclaban los lazos de familia con la comisión de un delito. En esta ocasión son dos hermanos, Andy y Hank Hanson (Philip Seymour Hoffman y Ethan Hawke), los que se proponen atracar la joyería de sus propios padres, Charles y Nanette (Albert Finney y Rosemary Harris), pero aquí el tono es sombrío y de una excepcional dureza. No es éste el único mérito de la más reciente y esperemos que no postrera película de Sidney Lumet, la cual atesora sus mejores virtudes: un regreso dinámi­co y en absoluto retrógrado a su más logrado “cine de cámara”, en el cual gestos y miradas, planificación y encuadre, están al servicio de la descripción psicológica de los personajes; y un renovado discurso, feroz y sin paliativos, sobre las formas de la hipocresía humana, en un relato otra vez ambivalente y rico en matices, sobre la base de un guión urdido por Kelly Masterson pero reelaborado por Lumet de manera no acreditada, que adopta con decisión los ropajes de la tragedia. Para describir ANTES QUE EL DIABLO SEPA QUE HAS MUERTO, diríamos que es un film perfecto desde un punto de vista dramático y llamativo desde un punto de vista estructural. Habrá quienes le bus­quen similitudes con Reservoir Dogs (1992, Quentin Tarantino) si no conocen Supergolpe en Manhattan (The Anderson Tapes, 1971), del pro­pio Lumet. Yo también lo asociaría con “Larga jornada hacia la noche”1 y con las otras obras que conozco de Eugene O'Neill. Incluso con Fe­dor Dostoievski, sin la retórica. Casi nadie podrá encontrar un estreno reciente con personajes tan bien delineados como los de ANTES QUE EL DIABLO SEPA QUE HAS MUERTO. Aquí la ciudad de Nueva York apenas cobra relieve, y eso permite que nos fijemos más en los conflictos. Ni siquiera la profe­sión de los protagonistas tiene gran relevancia. Lo que de verdad importa son sus relaciones. Hermanos, hijos, padres, esposos y amantes entrelazados por los celos, el odio, la ansiedad, el miedo o el desprecio. Bajo sus identidades esconden secretos que van saliendo a la luz . A muchos podrá sorprenderles el singular arranque del film, esa secuencia en la que vemos a Andy Hanson penetrando furio­samente a su esposa Gina (Marisa Tomei) con esta última en una posi­ción “impropia”, dirán algunos, de un cineasta que no por el hecho de ser viejo está menos interesado por todas las facetas del comportamiento humano. Además, lo importante de esta secuencia no es el sexo que muestra, sino lo que sugiere de la psi­cología de los fornicantes: las miradas vanidosas (que, de tan sutiles, casi resultan imperceptibles) que Andy se arroja a sí mismo en el espejo del dormitorio mientras penetra a Gina; y lo que ese trajín sexual anticipa, asimismo, sobre el personaje de Gina: su cuerpo desnudo también es poseído por Hank, su aman­te secreto: Gina sólo es para ambos hombres un trozo de carne con el que copular, en el caso de Andy por vanidad, en el de Hank por desesperación. Como siempre en Lumet, nada es lo que apa­renta a simple vista; de hecho, aquí las máscaras de la hipocresía, las falsas apariencias, se desploman con más facilidad que nunca, hasta el punto que la conducta de los personajes es una simple forma de disimular ante los demás lo que realmente son. Puestos bajo presión, cada uno de ellos desvela lo peor de sí mis­mos: Andy, un próspero hombre de negocios de suaves modales, es en realidad un drogadicto que, a base de esnifar cocaína a escondidas en su despacho o de inyectarse heroína en el aparta­mento de su camello Justin (Blaine Hartan), ha terminado dila­pidando los fondos de la empresa para la que trabaja y que ahora debe reponer en breve plazo; Hank, que al contrario que Andy sí que gesticula como un drogadicto aún sin serlo, agobiado por una ex esposa (Martha: Amy Ryan) que le reclama su pensión, es un ser cobarde y desamparado; y Gina, una mujer harta de que los hombres la traten como a un simple “agujero”. Incluso los personajes, digamos, “venerables”, ocultan oscuros matices. Una serie de flashbacks, delimitados por unos rótulos prece­didos en ocasiones por un brillante montaje de planos cortos que hace pensar en los experimentos subliminales de Lumet para El prestamista (The pawnbroker, 1964), reconstruyen de forma no lineal todos los hechos inmediatamente anteriores al atraco a la joyería. Al contrario que en otras propuestas de este estilo, la progresiva información a posteriori sobre las motivaciones de los personajes va cargando de espesor y densidad el relato, haciéndolo además con una intensidad de la que carecería por completo si el mismo estuvie­se narrado de forma tradicional. Intensidad modelada gracias a la fuerza dramática de gestos y miradas (magníficos todos los acto­res), y a la sombría belleza de determinados apuntes de puesta en escena: la secuencia de la primera visita de Andy al apartamento del camello, resuelta en un extraordinario plano que combina imagen fija e imagen en movimiento, es ilustrativa de la naturaleza oscilante del personaje de Andy, alguien atrapado entre lo que parece y lo que es, su apariencia exterior y su vida interior. En torno a los problemas que sufren los prota­gonistas de este film, el dinero ocupa una posición central. Como no son mileuristas sino derrocha­dores, pronto descubrimos que parte de sus ansiedades se deben a sus esposas (que quieren ca­prichitos), a sus ex-esposas (que les atosigan con los gastos escolares y las facturas del teléfono) y a sus hijas (que quieren ir con sus compañeros de colegio a ver una producción teatral de “El rey León” que vale 130 dólares). Llevando esas presiones a la espalda es comprensible que se caiga en la adicción a las drogas, en el adulterio o en la fanta­sía. El film, sin embargo, añade que detrás de ese cúmulo de circunstancias también puede haber otras razones más poderosas. Tolstoi decía que “todas las familias felices se parecen; las infelices lo son cada una a su manera”//; la que nos muestra este film de Sidney Lumet es de estas últimas y es­conde un monstruo peor que Andy y Hank.

ANTES QUE EL DIABLO SEPA QUE HAS MUERTO es un film moderno, en el mejor y más noble sentido de la expresión, firma­do por un cineasta octogenario que, fiel a una determinada manera de entender el cine y al mismo tiempo consciente de todo lo que ha ido aprendiendo a lo largo de más de cincuenta años de oficio, sabe renovarse a sí mismo sin perder un ápice de cohe­rencia personal y, sobre todo, de entusiasmo a la hora de ensa­yar cosas nuevas, sin que eso suponga ni una claudicación ni un síntoma de conformismo. El resultado es una película viva y pal­pitante que no se justifica a sí misma mediante coartadas cultu­rales ni trucos de feria mal entendidos, erigiéndose en un espec­táculo culto y emocionante.

Texto

Tomás Fernández Valentí, “Los mecanismos de la tragedia: Antes de que el diablo sepa que has muerto”, en “Apuntes sobre el cine de un superviviente (y2): Sidney Lumet”, Dirigido, Abril 2008

Hilario J. Rodríguez, “Dostoievsky en Brooklyn: Antes que el diablo sepa que has muerto”, Dirigido, Febrero 2008.