¿Cómo sería Innisfree (1990, José Luis Guerín) sin poesía? La respuesta la encontramos en la última película del, siempre interesante, realizador francés Nicolas Philibert.
Presentación de los hechos. Año 1835, en un pequeño pueblo del norte de Francia -concretamente: la Fauctery, en la comuna de Aunay- un joven de 20 años que responde al nombre de Pierre Riviere asesina brutalmente a su madre, su hermana y su hermano. Días después el joven es detenido y, en un primer momento, alega que ha sido Dios quien le ha obligado a cometer dicho acto. Después de los interrogatorios, el joven homicida se retracta y escribe una memoria confesando los crímenes y explicando los motivos que le llevaron a realizarlos. \\En 1973 Michel Foucault publica “Yo, Pierre Riviere, habiendo degollado a mi madre, a mi hermano y a mi hermana ...”: una recopilación de, prácticamente, todos los textos publicados sobre el crimen en el periodo en que éste se cometió. La intención del conocido filósofo / sociólogo / historiador / psicólogo era trazar un debate alrededor de un par de temas a los que dedicó buena parte de su obra: la manipulación de la realidad y la racionalidad de las psicopatías. El texto incluía la, ya nombrada, memoria de Pierre Riviere, un alegato tan razonado como distanciado, de una sequedad expositiva asombrosa. No muy distinto, por ejemplo, de los testimonios que han logrado sobrevivir a la barbarie humana -el genocidio nazi- y que han acabado por aceptar la irracionalidad de la vida dentro de su propia existencia: de Paul Steinberg a Wladyslaw Szpilman.
En 1976 el cineasta francés René Allio rueda Yo, Pierre Riviére, habiendo degollado a mi madre, a mi hermano y a mi hermana ... (Moi, Pierre Riviére, ayant égorgé ma mére, ma soeur et mon frére ... ), una reconstrucción de los hechos acaecidos, donde Pascal Bonitzer, Jean Jourdheuil y Serge Toubiana dan forma a una ficción real a partir de los textos publicados en el libro de Foucault. Un joven Nicolas Philibert participó en el rodaje como ayudante de dirección. Treinta años después Philibert se calza la cámara y viaja a Normandía siguiendo el rastro de las cicatrices del cinematógrafo. La película de Allio fue interpretada por lugareños, aldeanos de la zona donde sucedió el triple crimen. El viaje de Philibert trata con tiento de establecer una doble mirada que no acaba por cruzarse nunca: registrar las huellas de la imagen cinematográfica en el contexto etnográfico y rebuscar en la herencia psicológica del brutal crimen acaecido ciento cuarenta años antes.
RETORNO A NORMANDIA pretende lo que no consigue del todo: evocar la lírica que aporta el arte a la vida de las personas, tanto los que formaron parte de ella, como los que fueron meros espectadores. Si el exorcismo de los fantasmas del cinematógrafo acaba siendo fallido, no se debe tanto a la mirada que aplica Philibert sobre la realidad contemporánea, como a lo endeble del experimento metacinematográfico. El viaje de Philibert es un proceso exclusivamente íntimo. La elección no ha sido tomada en función de la herencia artística del film de Allio, sino de la experimentación personal que siente el cineasta al haber participado en dicha película. Son malos tiempos para la lírica. Las imágenes especulares entre el film clásico y el film moderno no son más que un muestrario dietético de un hecho pasado: Documentos TV de una realidad ligada al cine. Resulta curioso, pese a todo. Las vanguardias cinematográficas tienen algo de fenomenología afín al mundo de la alta costura (así como las polémicas surgidas de la crítica algo de las batallas de gallos de MC's).
Lo más reciente en el terreno del remake pasa por la relectura en diagonal de la obra regurgitada. Apichatpong Weerasethakul, Hou Hsiao-hsien, Nobuhiro Suwa, José Luis Guerín o Carlos Reygadas han realizado sendos ejercicios de antropofagia cinéfila (con muy distinto resultado) de, respectivamente, Michelangelo Antonioni, Albert Lamorisse, Roberto Rossellini, Alfred Hitchcock y Carl Theodor Dreyer. Philibert, sin embargo, va a la suya. \\Cree firme y ciegamente en su propósito. Efectúa el trabajo aceptando todas las peculiaridades que supone un work in progress. Por ello la película tiende a la dispersión: a medida que la huella artística desvela su falta de interés y/o relevancia, el director de Ser y tener (Etre et avoir, 2002) se desvía hacia lo costumbrista. Y así, a la postre, resulta más interesante la realidad en descomposición de los pueblos de Europa que la inane huella de una película olvidada. \\El material de base, pese a lo sugerente, resulta hueco. La película plantea una serie de planos estáticos en formato de entrevista que no logran transmitir nada más que un testimonio difuso sobre algo tan anecdótico como un rodaje. De Pierre Riviere y sus crímenes, ni rastro. \\Vemos muchas imágenes de la película de Allio pero sólo funcionan por contraste, por ejemplificar el tiempo pasado en los rostros de los improvisados actores.
\\Existe un cierto suspense que sirve de leit-motiv al film: ¿qué ha sido del intérprete principal de Allio, el joven Claude Hébert? Dicha intencionalidad convierte la película en algo parecido a Balseros (2002; Carles Bosch y Josep María Doménech), un retrato despiadado de los (d)efectos de la realidad en el cuerpo de sus personajes. \\Un viaje de no retorno hacia lo despiadada que puede llegar a resultar la vida.
Texto: Alejandro G. Calvo, “Regreso a Normandía: Postales de un viaje a ninguna parte”, rev. Dirigido, Marzo 2008.